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    IMPORTANCIA DE LA PSICOMOTRICIDAD EN EL DESARROLLO INFANTIL

    Psicomotricidad

     

    El movimiento como factor de desarrollo y expresión del individuo.

     

    La Psicomotricidad es una disciplina que considera de manera global a la persona, por lo tanto, sintetiza psiquismo y motricidad, con el fin de permitir al individuo adaptarse de manera flexible y armoniosa al entorno que lo rodea, desarrollando las capacidades necesarias del individuo a través del movimiento.

    También se entiende como “La psicomotricidad es un enfoque de la intervención educativa o terapéutica cuyo objetivo es el desarrollo de las posibilidades motrices, expresivas y creativas a partir del cuerpo, lo que le lleva a centrar su actividad e interés en el movimiento y el acto, incluyendo todo lo que se deriva de ello: disfunciones, patologías, estimulación, aprendizaje, etc.” (Berruazo, 1995).

    Esta disciplina tiene en cuenta diferentes indicadores para entender el proceso del desarrollo humano: la coordinación (expresión y control de la motricidad voluntaria), la función tónica, la postura y el equilibrio, el control emocional, la lateralidad, la orientación espacio temporal, el esquema corporal, la organización rítmica, las praxias, la grafomotricidad, la relación con los objetos y la comunicación.

    Con el paso del tiempo han sido numerosas las actividades que se han ido incluyendo dentro del concepto de psicomotricidad, por lo que esta se ha ido extendiendo a nuevos campos. Hoy ocupa un lugar muy importante dentro de la educación inicial, ya que existe una interrelación  entre el desarrollo motor, el afectivo y el intelectual. La psicomotricidad favorece la relación de los niños con su entorno, sin olvidar nunca la diferencia, intereses y necesidades de cada uno.

    Durante los primeros siete años de vida debemos aprovechar la plasticidad del cerebro y estimular que se generen mayor cantidad de conexiones neuronales a través del movimiento del cuerpo.

     

    Génesis de la psicomotricidad: Algunos autores

     

    El origen al que podemos remontarnos de la psicomotricidad es en el año 1905,en que el médico Francés Dupré, al hacer un estudio de los niños con dificultades mentales, pone en relación las anomalías psíquicas con las motrices, ya que asegura que todo ser que tenga algún déficit mental

    también lo tendrá a nivel motriz.

    Más adelante Wallon (1925) hace una precisión en la importancia del desarrollo emocional de los seres humanos y pone en relación lo emocional con la motricidad, ya que esta es la representación de las relaciones del individuo con el medio y con los otros. Así se refiere Justo Martínez (2014) a Wallon “El movimiento viene a ser como un testimonio de vida psíquica a la que expresan por completo, son movimientos en conexión con sus necesidades y con situaciones surgidas de su relación con el medio”.

    Es importante nombrar algunos autores que intervienen en este origen de la psicomotricidad como Guilman (1935), discípulo de Wallon, que señala la importancia de la motricidad en los problemas de carácter y en la conducta social del niño. Y diseña unos test de exploración de la actividad psicomotriz y algunos aspectos para la reeducación.

    El siguiente referente es Jean Piaget, quien abre una caja de pandora al hablar de la inteligencia sensorio-motriz en los primeros años, Piaget (1971) afirma que la construcción de la inteligencia se hace a partir de lo motor. Es desde estas posibilidades motrices que el niño se relaciona con el medio y el cuerpo del otro. Es bajo estas afirmaciones es que Piaget reconoce que es a través de la actividad corporal que se llega a la somatognosia, es decir al conocimiento y manejo del propio cuerpo, el autor hace referencia al espacio y el tiempo, como dos elementos esenciales en este proceso.

    Aucouturier (2004) comienza este recorrido desde las primeras interacciones prenatales entre madre e hijo/a, las que son vividas por la propia madre, como son las primeras imágenes formadas a partir de los primeros movimientos sentidos en el vientre, desde donde se formarán expectativas, deseos, preocupaciones, y todo ello a su vez influirá sobre los procesos para la maduración de las funciones biológicas y sensomotrices.

    Este Autor, en adelante será el que plantea la Práctica Psicomotriz (PPE) enfoque que permite conocer los procesos de expresión, comunicación y relación del niño, desde su nacimiento hasta los siete u ocho años, edad estimada para la producción de nuevos pensamientos descentralizados de sí mismo. Todo ello se refleja en un largo recorrido con momentos cruciales de cambio y maduración.

    Desde la PPE se pretende acompañar las actividades lúdicas junto con el itinerario de maduración del niño/a, que puede definirse en tres grandes momentos:

    Se realiza tanto de manera grupal como individual, a través de un enfoque que tiene en cuenta las diferentes necesidades especiales.

    Se logra detectar, diagnosticar y tratar alteraciones y/o trastornos en el desarrollo, colaborando en su evolución.

    Como lo afirma Bottini (2000) “La psicomotricidad no se ocupa, pues del movimiento humano en sí mismo, si no de la comprensión del movimiento como factor de desarrollo y expresión del individuo”

    La psicomotricidad aporta importantes beneficios como el dominio del movimiento corporal, mejora de la memoria, la atención y concentración y la creatividad del niño, así como la posibilidad de conocer y relacionarse con otros niños y de afrontar sus miedos.

     

    Beneficios de la psicomotricidad

     

    1. Facilita la adquisición del esquema corporal, permite que el niño tome conciencia y percepción de su propio cuerpo.

    2. Aborda los diferentes patrones motores como la marcha, la carrera, el salto, el lanzamiento y la recepción.

    3. Favorece el control del cuerpo, a través de la psicomotricidad, el niño aprende a dominar y adaptar su movimiento corporal.Ayuda a afirmar

    4. su lateralidad, control postural, equilibrio, coordinación, ubicación en tiempo y espacio.Estimula la percepción y discriminación de las

    5. cualidades de los objetos, así como la exploración de los diferentes usos que se les puede dar.hábitos que facilitan el aprendizaje, mejora

    6. la memoria, la atención y concentración, así como la creatividad del niño.

    7. Introduce nociones espaciales como arriba-abajo, a un lado-al otro lado, delante-detrás, cerca-lejos y otros más, a partir de su propio cuerpo.

    8. Refuerza nociones básicas de color, tamaño, forma y cantidad a través de la experiencia directa con los elementos del entorno.

    9. Se integra a nivel social con sus compañeros, propicia el juego grupal.

    10. Reafirma su autoconcepto y autoestima, al sentirse más seguro emocionalmente, como consecuencia de conocer sus propios límites y capacidades.

     

     “Nada hay en el pensamiento que no haya pasado por los sentidos”, es una frase de Aristóteles que explica la importancia de enriquecer el pensamiento, por eso en la educación –y en las clases de desarrollo psicomotor– se vuelve fundamental realizar las siguientes actividades:

           Crear juegos y movimientos individuales o en grupos.

           Realizar juegos psicomotrices de equilibrio, esquema corporal, lateralidad, sensopercepción y ritmo.

           Enseñar destrezas físicas como rodar, saltar, girar y balancearse.

           Fomentar los juegos rítmicos, los cantos, las rondas y los bailes.

           Realizar actividades plásticas, de teatro y de dibujo.

           Llevar a cabo paseos y juegos al aire libre.

     

    Todos estos conceptos y propuestas se fundamentan en que la importancia de la Práctica psicomotriz se basa en el juego espontáneo del niño, como bien lo dice Aucouturier (2018): “permite a los niños pasar del placer de actuar al placer de pensar” . 

    Permitamos que nuestros niños y niñas disfruten de su psicomotricidad con acompañamientos afectivos y únicos.